domingo, 28 de febrero de 2010

"Zombies" (28 de febrero de 2010).

Uno tiene la impresión de que los freaks nos dimos un duro golpe en la cabeza en la infancia. En mi caso, creo fue a eso de los tres años. Caí de la cama y golpeé con una estrecha tuberia blanca. Actualmente, siempre que me cortan el pelo se ve una pequeña calva en la cicatriz provocada por la herida, por el "trauma".
Antes de dar un paseo por la ciudad-dormitorio de Torrejón de Ardoz, he visto una página entera dedicada en el diario El País a la "Marcha Zombie" que ayer se celebró en Madrid mientras caía la noche. Según esa fuente, más o menos un millar de personas disfrazadas de muertos vivientes caminaron entre la Plaza de Felipe II y el barrio de Chueca, concretamente, la Plaza del Carmen. Uno tuvo, además, la "suerte" de toparse con cuatro de estos "zombies" en la línea 4 de metro, de camino a Serrano que, en cierta medida, parece una zona desvastada por una guerra nuclear, con lo que la marcha hubiera tenido más sentido por esos lares. Al escuchar un par de grititos en no sé qué parada uno pensó que tenía lugar alguna manifestación que otra. Pero no, al parecer el asunto tenía que ver con estos cuatro zombies adolescentes que conversaban amenamente sobre lo guay de ir de monstruo, las características de los vampiros y no se qué otras variedades tristo-diver-freaks-interesantes-molongas. A uno le dió por pensar en lo banal del consumo y en el absurdo de la diversión actual. Lo primero, porque convertimos algo que surge de la crítica a nuestra sociedad en trivial desfile de grititos y tomate en salsa. Lo segundo, porque ni siquiera esta marcha lleva consigo un mensaje directo a la ciudadanía, ni una mínima seriedad. ¡Si de verdad les diese por ir dando bocados a diestro y siniestro (si, sobre todo, a estos)! A alguno que otro le da por decir que como somos zombies en la vida diaria lo de ayer es como reivindicarlo. Y si ponemos algún cartelito contra Esperanza Aguirre mejor que mejor. ¡Mirá cómo molamos! Y cierto que yo me quedo en casa, sin pintarme siquiera, pero este tipo de pseudo-marcha-semi-protesta-freak es demasiado. ¿A dónde quieren llegar esta panda de consumistas desalmados que encima van de reivindicativos? Si es por ligar más de forma algo bizarra, pues vale, acepto "marcha zombie" como técnica alternativa, pero eso de ir por ahí reivindicando identidad freak con rollo protesta suave aceptada cuando la situación actual requiere de maneras más subversivas de manifestación y crítica es triste. Triste porque les toman por lo que son: insertados plenamente en la vida de consumo identitaria y narcisista y porque su discurso no va más allá de un par de gritos, alguna que otra carrera y alguna que otra mirada de pirad@. Decía por ahí alguna pava que es terapeútico porque "te libera". Parece que no tenemos otra manera de apaciguar nuestra frustración. Y encima reconoce que no se trata de una manifestación, si no de un recorrido "lúdico-festivo", una especie de carnaval canibal soft. Pero el mismo redactor utiliza la palabra "manifestación" un par de veces para describir el acto. Entonces, ¿en qué quedamos? 
"Somos zombies", porque siempre hacemos las mismas cosas, nos controlan, patiplín, pataplán... decía otro pavo por ahí... Y si, la verdad, pero encima blandito, vegetariano, sin agallas para arrearle un bocado al que tengas al lado. Como pollos sin cabeza sin atender a las necesidades de una sociedad envuelta en un truco de espejos, como muertos vivientes controlados, aceptados, insertados en un mundo que se devora a sí mismo a través del consumo. 
¡Qué horror! Parezco un monje!. 
      

domingo, 21 de febrero de 2010

"País Digno"


Ayer un buen amigo me preguntó sobre el gesto que el ex-presidente del Reino de España D. José María Aznar - dominador imperioso de nuestro país entre 1996 y 2004 - dirigió a unos estudiantes de la Universidad de Oviedo, que le tildaban de fascista y terrorista entre otros calificativos. La respuesta devino rápida, en proceso desde hace unos días en la cabeza, aunque la cuestión fuese inesperada: "considero que es muy digno de este país haber tenido un presidente como él". Algo cacé de mi buen amigo de "el puto amo" como reacción. Juego con ventaja. Lo siento. Mirar al pasado con afán de hacer justicia provoca este tipo de frases provocadoras. Algun@s dirán que fue la corrupción del PSOE lo que le llevo al poder. Otros que algún cambio era necesario. Lo más tenebroso fue cómo obtuvo su segundo mandato: mayoría absoluta que le hizo a uno plantearse entre qué compañer@s de viaje se encontraba.
Y cómo perfilaba sus expresiones, su forma de vestir, de llevar la nación y tratar la diferencia, si de vez en cuando se dirigía a ella. La frase "cada país tiene lo que se merece" resulta familiar. Y también funciona como buen recurso. Much@s dirán que llevó a España a rendimientos económicos inmejorables. Lo cierto es que supo - con sus colaboradores - mirar dentro del alma miserable del español pequeñoburgués y ver sus deseos más vitales: "en casa, como en ningún lugar". Y así se organizó la vida del país. En torno a la casa. Ni Otto Brunner lo hubiera visto mejor. Si ya en los últimos años de la presidencia de D. Felipe González se fue acentuando la potenciación del suelo como fuente de rendimiento, con Aznar y su equipo se convirtió en la llave del crecimiento económico, del pleno empleo y de nuestro enganche sin demoras ni complejos al "american way of life". Y quizás esto se producía sin vinculación directa a un gobierno de derechas o pseudo-izquierdas. Sólo que estos lo potenciaban más. De repente todo el mundo se hipotecó, se abrieron puertas de casas nuevas, de chalets sobre todo, se regaban jardines y se llenó todo de coches, perros y carros de bebé. El didáctico "España va bien" sirvió de lema para aupar a unos y denostar a otros, mientras la izquierda languidecía lentamente, de forma triste, en algún callejón de una oscura ciudad. Y quizá supo leer en el corazón tacirturno, orgulloso y perezoso del español que no desea otra cosa que la grandeza trasnochada, el borbonismo-austranismo ibérico, el susurro franquista de una grande y libre. Porque en este país la izquierda se ha autoaniquilado. Entre las buenas formas, el miedo a sí mismos, los conflictos internos y el sindicalismo vertical tardofalangista parece que han adoptado un discurso complaciente, de meterse pero no demasiado con el pasado, de mirar con recelo pero no con el suficiente a los aliados del franquismo, como la Iglesia (1) y el Ejército.
Este señor se llenaba la boca de expresiones de grandeza mientras su voz sonaba forzada, casi en forma de pito, como si se diese cuenta de que es demasiado pequeño para decir enormidades de tal calibre. El causante  de esto es el complejo de hacerse ver. De esta misma guisa, nos llevó a jugar entre los grandes, entre los potentes, a hacer guerras, como antaño, a reconquistar el imperio perdido, veáse nuestra gala y altura al colaborar fielmente con Estados Unidos, Reino Unido y algunas naciones más en la II Guerra de Irak, defender Perejil e intervenir favorablemente al intento de golpe de Estado contra Chaves.
Y su derrocamiento vino por sorpresa por avaricioso, por pensar "me voy y encima dejo a uno que ni siquiera podría gobernar", "me voy habiendo hecho historia", "conmigo España ha sido grande de nuevo" y por mentir deliberadamente a una ciudadanía que despertó de su letargo tan sólo por un par de días. Y despertó porque ya era drástico el aprovechamiento de nuestra pasividad, porque la chulería ya era extrema. Era como situar la dama sin defensa a la caza de otra pieza creyendo que seguiría viva, que podría dar mate al rey sin estar resguardada. Por suerte quisimos despertar. Pero pronto nos dió por dorminos de nuevo, como con el tamayazo.
Después llegó su vida y discursos en las universidades estadounidenses, la recompensa por su ladrido de alegría ante las caricias del junior de los Bush, su crítica en el exilio, su mirada de grandeza, de casi Dios. Y también tendríamos sus veranos de las FAES, sus ataques contra los defensores del cambio climático y sus invitaciones a negadores del Holocausto. Vuelve otra vez a ajusticiar, que es lo que le gusta. A usar su espada de Damocles para mostrarnos que fue un buen padre, que nos alejamos de su camino.
Pero nos lo ganamos a pulso. Ahora sirve de poco insultarle desgañitadamente, porque a ello responde con la arrogancia de la cual le dotamos al ponerle en la Presidencia, con la mala educación y grosería de una política ciudadana ciega, pequeñoburguesa, temerosa, conservadora, todavía envuelta en complejos de pequeñez y poca virilidad ante los grandes de Europa.
Señal de nuestro carácter peninsular, de creernos el ombligo del mundo, deviene este hombre mediano, visualmente previsible, de formas imperiales, de bigote dictatorial. Quizá el discurso franquista caló tanto que lo echabamos de menos, que nos resultó próximo, cercano. Por eso este gesto mide nuestra elección.  
             
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NOTAS:
(1) Algun@s dirán que en los últimos años tiene lugar una cruzada contra los católicos. Como si les persiguiesen por las calles o les marcasen con algún brazalete. Lo que ocurre es que les molesta no hablar tan libremente. No dictar sentencia, que es a lo que están acostumbrados.

jueves, 4 de febrero de 2010

"Avatar" o el ¿cine del futuro?


Título: Avatar.
Director / Guión: James Cameron.
Producción: James Cameron, Martin Landau y Rae Sanchini.
Duración: 162 minutos.
Música: James Horner.
Interpretes: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang y Michelle Rodríguez.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Distribuidora: 20th Century Fox.

Menudo revuelo. James Cameron siempre lo hace. Está en su carácter. Y a uno le puede o no gustar su manera de plantear y ejecutar sus películas, pero ha de reconocérsele el esfuerzo, su testarudez por ofrecer algo nuevo, revolucionario. Desde sus comienzos en la escuela de cine de Roger Corman aprendió fotografía y técnicas de efectos visuales y poco a poco empezó a adueñarse de todos los campos y especialidades que rodean la producción de una película. James Cameron monta, produce, escribe y dirige sus films. Y lo hace a conciencia, sabiendo que sabe de todas estas ramas. Más de uno ha tenido que salir de sus películas porque no hacía lo que deseaba (1).
Tras algún que otro bandazo (Piranha II), se lanzó a una producción personal, de corto presupuesto y que a la postre revolucionaría el cine de ciencia ficción. Sin Terminator (1984) no tendríamos Matrix (1997). Así de contundente, pero así de claro. Rápidamente le ficharon para la continuación de Alien, el octavo pasajero, a pesar de ya tener el guión escrito hacia dos años (2). Tras el éxito de calidad y taquilla, tanto él como productoras y distribuidoras echaron el resto con Abyss (1989) (3). Desde aquella, ha realizado cuatro películas (4); Terminator 2: El Juicio Final (1991), Mentiras Arriesgadas (1994), Titanic (1997) y Avatar (2009), con casi 13 años de diferencia entre las dos últimas. Todas ellas éxitos de taquilla, todas ellas con innovaciones de más o menos renombre en el campo de los efectos visuales. Parece que esto le ha generado mala fama entre los críticos, los cuales no van más allá del cine de culto o los director@s renombrados para reconocer la calidad. Si bien es cierto que como guionista puede dar más de sí, nadie le puede negar saber narrar una historia, sobre todo, si se tiene en cuenta su ambición. En mi opinión, es lo primero que debemos tener en cuenta para analizar sus films, sobre todo, los dos últimos. Podemos contar con creador@s cuyas pretensiones sean pequeñas y hagan productos redondos. Pero las metas de James Cameron son tan grandes que ya de por sí hemos de darle un aprobado o un "pasen y vean". Porque al final muchas personas se han acercado a Avatar, porque lo ha vuelto hacer de forma innegable: desafiarnos a todos para que reconozcamos su esfuerzo por entretenernos, por disfrutar. Y sí, no le pidamos más a su cine. ¿Pero qué es el "más"? ¿Planteamientos filosóficos-sociales que a veces son meras excusas del film para introducir moralina o discursos de sus creadores? ¿Planos o guiones extraños o variopintos para dar el pego de que son independientes y a contracorriente? Si lo consideramos un poco, también James Cameron va a contracorriente. Es más, va dos pasos por delante.
Y si atendemos a Avatar tenemos que enfrentarnos a su desafío: ¿es éste el cine del futuro? ¿Es la interactuacción en 3D, la vinculación entre espectadores y película, el futuro del drama? Considero que no es necesario realizar algo en 3D para que el nexo entre escena y público sea completo. Pero creo que los objetivos de esta película no van por ahí. Se trata de plasmar fantasía y belleza. En ese sentido, salí del cine afirmando que no había visto nada más "bello". Y es cierto. Y por más que algunos críticos afirmen que hay más dramátismo en cualquier película de Murnau, Welles o Lang (esto, hay que decirlo, queda muy bien en diarios tan consagrados como El País), Avatar cumple su cometido: ofrece algo nuevo y fantástico. Cierto que el guión es sencillo y que el final en plan mantra corporativo choca un poco, pero uno sale a gusto de la sala, sabiendo que ha disfrutado de un ejercicio espectacular de cine. No obstante, le pongo alguna que otra pega: podría haber tenido una mayor introducción acerca de Pandora y la presentación de personajes (a un ritmo que ya pudimos ver en Aliens, El Regreso), un trazado algo simple de algunos personajes y, sobre todo, alguna que otra resolución facilona a la hora de plasmar el enfrentamiento entre explotadores / explotados. Algunas ideas apuntan, pero se quedan en nada: como la vinculación psico-física entre criaturas y Nav'y. Por último, el doblaje al español es bastante pobre, sobre todo, en algunas expresiones cuasi adolescentes, fuera de lugar. Resulta algo cómico ver a una criatura de casi tres metros decir: "chachi" o "guay". En fin, que esperaré, eso sí, con más tranquilidad, su próxima película, sabiendo que tras Avatar sus próximos pasos serán más pequeños. Y sin embargo, ¿qué más nos tendrá reservado?     

NOTAS:
(1) En Aliens el Regreso el primer director de fotografía tuvo que marcharse al no seguir sus indicaciones sobre la luz natural que quería Cameron se viesen en algunas escenas. Fue sustituido por Adrian Biddle.
(2) Tras el éxito de Terminator decidieron apoyarle en la dirección de Aliens  
(3) Primer y único tropiezo importante de Cameron tras las cámaras. No obstante, supuso un avance en cuanto la aplicación de imágenes diseñadas por ordenador a las películas. Podríamos decir que el tentáculo de agua precede al T1000 y a los dinosaurios de Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993).
(4) A uno le da por decir cinco, ya que Días Extraños (Kathryn Bigelow, 1995) le debe a Cameron nada menos que la producción, el montaje y el guión.      

martes, 12 de enero de 2010

"Algo pasa en Hollywood" (Diciembre de 2009).





Título: Algo pasa en Hollywood.
Director: Barry Levinson.

Intérpretes: Robert De Niro, Catherine Keener, Michael Wincott, Stanley Tucci, John Turturro, Robin Wright Penn, Sean Penn, Bruce Willis.

Guión: Art Linson.

Duración: 104 minutos.

Productora: Tribeca / Linson Films.

Distribuidora: Universal Pictures.

Año de producción: 2008.

Con este sugerente título que recuerda a El juego de Hollywood (The Player, Robert Altman, 1992), se estrenó a inicios de diciembre esta “dramedía”, o comedia-drama. Si bien la cinta de Altman mostraba a las claras los problemas de los guionistas y productores con un magnífico Tim Robbins a la cabeza del reparto, la nueva película de Barry Levinson se presenta como una mirada ácida en torno a la producción. He escrito se presenta adrede. Con el paso de los minutos lo ácido se limita a ser socarrón en algunos momentos y burlón en otros. Y poco más. Uno no puede dejar de sorprenderse con qué facilidad se hacen productos aparentemente críticos para complacer cierto olor a podredumbre y falsedad que habita entre los pasillos del cine estadounidense. Básicamente, se señala con el dedo el uso de las drogas legales, es decir, antidepresivos, excitantes y un largo etc., la manipulación de los productores ejecutivos y distribuidores sobre las decisiones de los supuestos creadores, y los problemas relacionales y personales que se sufren al vivir sometidos a tanta presión.

Digamos que arranca de forma divertida y de manera simpática los actores se desenvuelven en sus personajes, aunque no con originalidad. Pero poco a poco el ritmo va decayendo al ver uno que la crítica no va ir más lejos.

El punto crucial de la crítica se centra en la creatividad, en su supervivencia. En ella, el poder juega un papel vital, ya que, según deducimos del complaciente final, contra más creativo es uno, contra más quiere salirse de las redes que le maniatan, más poder pierde, se encuentra más apartado de las decisiones y de la aceptación. Y así, se trazan dos miradas harto sencillas para dos elementos que merecen un trato algo más complejo. Primero, personalmente opino que el problema principal del cine actual es la falta de creatividad, no su opresión. Segundo, el poder es más que el control que ejercen unos sobre otros. Cuando se ejerce el poder se puede obtener algo positivo, mejor que lo anterior. Por tanto, la feliz resolución sobre la libertad de expresión y la creatividad salva a los creadores de la propia película de su olor al poner un perfume de rosas en un cuerpo que huele a sudor y azufre por los costados.

Barry Levinson se ha distinguido en ocasiones por hacer un cine burlón, inteligente y dinámico, como demostró en Good Morning Vietnam (1987), Rain Man (1988) o La Cortina de Humo (1997), pero también brutal y descorazonador: Sleepers (1996) (1). Por lo demás, su vena prolífica le ha llevado a realizar numerosas películas en veinticinco años, tocando diversos géneros (2), pero siempre haciendo un cine pretendidamente inteligente, que trata con mimo, o por lo menos lo intenta, tanto a guión como a actores. No obstante, a pesar de que su mirada burlona y crítica parece mostrarse, lo hace de manera cómoda, sin acusar demasiado, sin que el cuchillo al final corte el brazo, es más, sin hacer poco más que un rasguño. Ese el fue el caso de Good Morning Viertnam y, sin dudas, es el caso de Algo pasa en Hollywood. En aras de la defensa y loa de la originalidad y libertad de los creadores se zambulle con su guionista (3) en un final que puede hacer gracia a primera vista, pero que pica cuando uno sale del cine, viendo como los que están en el mundillo salen contentos, a gusto con la defensa de sus ideales, mientras los malos son los otros, los que tienen el poder.

A esto hay que añadir que los actores que supuestamente se interpretan a sí mismos lo hacen o bien de forma exagerada (caso de Bruce Willis) o bien de forma ausente (caso de Sean Penn) (4). Y ambos, cree uno, salen para dar caché al producto a nivel comercial y como un favor de amiguetes.

En conjunto, salí decepcionado, contento con algunas escenas bien rodadas, pero con un especial cabreo contra unos creadores que se siguen resguardando en el control que parecen sufrir, cuando las mayores limitaciones creativas vienen de ellos mismos.

NOTAS:
(1) Personalmente, creo que es su mejor película.
(2) A él se deben productos tan dispares como El secreto de la pirámide (1985), Bugsy (1991) o Toys (1992).
(3) Art Linson, igualmente productor, que ha dado a luz películas como Los Intocables de Elliott Ness (1987).
(4) Quien quiera ver a Sean Penn en esta película que se busque otra.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Malditos Bastardos ("Inglourious Basterds").




Título: Malditos Bastardos (Inglourious Basterds)
Director: Quentin Tarantino.
Guión: Quentin Tarantino.
Intérpretes: Brad Pitt, Diane Kruger, Christoph Waltz, Daniel Brühl.
Duración: 153 min.
Año de Producción: 2009.
Distribuidora: Universal Pictures.

Otra de esas películas interesantes, pretenciosas y que al final quedan en nada, flotando en el aire, bruma. Un buen amigo la recomendó fehacientemente, eso sí, advirtiendo que olvidase por dos horas y media la faceta de historiador. Hizo bien. Bueno, al menos lo intentó. Pero supongo que después de ya casi diez años ya sabrá que soy un caso perdido. Lo siento, defecto de fábrica o, mejor escrito, de construcción personal.

Con un arranque curioso, Tarantino subraya su capacidad para crear ambientes tensos basados en el diálogo y el cuidado de la escena, de los primeros planos y la versatilidad de los actores. Más tarde, como en la mayoría de sus películas, se van sucediendo capítulos tras capítulos, personajes tras personajes, sobre una trama inicial que sigue a primera vista limpiamente su desarrollo. Sin jugar mucho con el tiempo, como ya pudimos ver en Pulp Fiction, todo se cuenta de forma más lineal, con algunos saltos, pero siempre hacia delante y sin tener en demasía el discurrir de la II Guerra Mundial (1939-1945). Dos detalles no encajan. Uno: ¿por qué van a enviar las SS oficiales a Francia a “cazar judíos” si la gendarmería y ejército francés, escribámoslo abiertamente, colaboraba en apresarlos y mandarlos a los campos de trabajo primero y exterminación después? Dos: ¿cómo se va a presentar toda la cabeza del estado Mayor del III Reich en París en junio de 1944 poco antes del día D y, con más gravedad, no se hagan presentes lo efectos de una derrota que ya se veía inminente en los diálogos de los personajes alemanes? Por supuesto, Tarantino no es tonto, y sabe que su público, o parte de él, no lo es tampoco, así que no se mete mucho ni con fechas ni datos para no meter la pata y, dicho sea de paso, porque le interesa contar otra cosa. A saber: mostrar la justicia vengativa violenta, pero legal, eso sí, en un contexto histórico, que quizá a sus ojos y a los ojos de muchos necesita de ella. No vale ya con mostrar un western, género indeterminado en el tiempo como pocos, o la búsqueda insaciable de venganza de una ninja, ahora se nos mete con el género histórico. ¿Por qué? Humildemente, después de Reservoir Dogs, Pulp Fiction y la saga de Kill Bill (además de sus otras obras), creo que ha adquirido una “auto-conciencia de madurez”, la cual le lleva no sólo a presentar una película un poco más seria al nivel temático sino a mostrarse de forma más radical aún si cabe, más “posmo”, y afirmar con todo derecho “ésta será mi gran obra maestra” en boca del personaje de Brad Pitt, quedándose tan a gusto. Y eso después de acribillar a Hitler y Goebbels a tiros como si fueran dos reses en mitad del campo y tras una rimbombante escena de “meta-cine”, o de lo que comúnmente se conoce como el cine dentro del cine. Queda muy “guay” del “Paraguay” pasarse la historia por donde le viene en gana. Pero no lleva a ninguna parte. Se puede ser posmoderno, pero con cierta lógica o laboriosidad. No vale todo. Pero a éste ni le importa y quizá tampoco a su público.

Más pegas: ¿es posible que gran parte de la trama se desarrolle en París y no tengamos ni un solo plano de la ciudad? Por lo que vemos en el film, podría haber transcurrido en mi barrio o en el tuyo, querid@ lector@. A eso uno se hace dos cuestiones: ¿es tan estúpido el autor y el equipo técnico para obviar semejante detalle? ¿es posible que pasara por su mente que meterse por los vericuetos de la Francia de Vichy lo complicaría todo, es decir, tramas, diálogos, ideas y personajes, y que ante ello, pasara hoja y pensase “a ver si estos no se dan cuenta”?

Aspectos positivos: el tratamiento del lenguaje como arma de conocimiento y manipulación, la puesta escena y el trabajo de la gran parte de los actores.

No obstante, no voy a irme sin dedicar algún comentario a ese idilio interracial que parece esconder y luego mostrar como sorpresa al final, en un plano de beso empalagoso, impropio del autor. Uno está encantado con los líos interraciales en el cine de consumo, pero ya que se muestran que se haga más abiertamente, sin remilgos. Uno cree que Tarantino se puso un traje de cura para rodar las escenas de ambos actores porque si no lo entiende. Algunos pensarán que le han forzado. Personalmente, quizá se autocensure.

NOTA: Para críticas diferentes y "más profesionales" (www.filmaffinity.com/es/film746997.html)

jueves, 19 de noviembre de 2009

Monstruoso (Cloverfield).


Título: Monstruoso (“Cloverfield”).

Director: Matt Reeves.
Intérpretes: Lizzy Kaplan, Jessica Lucas, T. J. Miller, Michael Stahl-David, Odette Yustman, Mike Vogel.
Guión: Drew Goddard.
Año de producción: 2007.
Duración: 85 min.
Distribuidora: Paramount Pictures.




Le toca el turno a uno de los “fenómenos” cinematográficos de la temporada pasada. Vista hace aproximadamente tres semanas, la perspectiva actual no sólo se encuentra menos influenciada por el cuidado trato de la imagen y los efectos visuales, sino también por el escaso residuo que queda de la trama y una supuesta, pero muy supuesta, alegoría que parece esconder o que uno tuvo que vislumbrar. A saber, el efecto de lo espectacular sobre nosotros mismos y no en la pantalla, plano, sin todavía poder maniatarnos o hacernos sentirnos de verdad pese a que los medios hagan enormes esfuerzos para ello.

Algun@ que otr@ saldría maread@ del cine o se levantaría mal del sofá (como fue mi caso), pero no deberíamos sorprendernos a estas alturas con películas narradas de tal manera. Mostramos sin esfuerzo algunos ejemplos: Rec (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), El proyecto de la Bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999), District 9 (Neil Blomkamp, 2009), herencias del denominado Cine Dogma y del cine documental de los últimos años. Se trata de hiperrealizar, de mostrar lo real en la piel, impresionando al espectador por encima de todo, pese a que lo contando quede bien, mal o regular. El cine de la última década va por esos derroteros quizá porque el espectador pide a gritos una vinculación al video-juego. De momento, el control lo tienen l@s creador@s del film. Sólo faltará que con el tiempo los telespectadores elijan su propia película, es decir, que se hagan con inicios, nudos y desenlaces alternativos como en aquellos libros de Elige tu propia aventura que tuvieron su momento de éxito por los finales de los 80’.

Y es que siendo crítico a la vez con algunos foros, críticos y película, no puedes pedir más a un producto que desde el principio quiere solo entretener, salvo un par de perlas posmodernas, que se tiran a saber por qué. Expliquémoslas. Primero: eso de jugar con la historia como un elemento de fábrica, fruto de la manipulación, pero que a la vez contiene lo real, de lo que no cabe otra interpretación, porque está ahí, es ahí, lo ves, lo sientes, está encima de tu cabeza, a apenas dos metros. Segundo: fragmentar la narración de vez en cuando, de forma juguetona, introduciendo elementos totalmente separados del hilo conductor de lo inicial, desubicando al espectador@. A primera vista puede resultar llamativo, pero se acaba rápido el interés por un motivo principal: los autores no pueden ir más allá de una idea. Con una solo idea no se crea una trama y mucho menos de semejantes características. Dicha idea se basa en presentarnos una acontecimiento espectacular, con tintes de hecatombe apocalíptica, desde el primerísimo punto de vista de una víctima, que, sin pauta fija, va de aquí para allá mostrándonos con habilidad partes de un Manhattan que se derrumba y de unas criaturas que se mueven por todas partes de una escena que, ahí uno de sus pequeños triunfos, involucra a toda la sala de cine (o el salón, como fue mi caso). Se vislumbra cierto regusto de los autores por el cine de terror y ciencia-ficción de serie B, ese que intentaba asustar sin mostrar, que trabajaba humildemente los efectos para que nos uniésemos a la historia con nuestra fantasía. Pero claro, la habilidad deviene de unos cineastas y no de un personaje. He ahí el principal escollo. Y el personaje no existe y cuando lo hace es mejor que desaparezca porque se ponen en su boca frases sin sentido. Otrora es la historia de amor que parece entretejer la trama. Insuficiente. Ya que apenas tiene guión, eliminémosle. O, quizá más sencillo, organizamos todo el metraje en torno a la irrupción de la criatura en la metrópolis. Problema: ¿cómo hacer una película de buen presupuesto con 60 minutos de metraje? Algo tenemos que poner. Y así surgió esta película. Con algunas que otras pretensiones que se apagan por falta de talento o atrevimiento.

Por tanto, no es que no me gustase, sino que el inicial interés que despertó se fue apagando poco a poco, como una llama de fuego a la que se le va agotando el oxígeno.

Finalmente, decir que últimamente estoy viendo películas interesantes, pero sólo eso, interesantes, como el que ve una manzana brillante en el suelo o algo que se sale de lo normal por un momento, pero que al final, no posee nada más. Monstruoso se encuentra entre ellas.

domingo, 4 de octubre de 2009

Fanfarria, paranoia y nacional-catolicismo. Fiestas Patronales, 1-4 Octubre del 2009, Torrejón de Ardoz.

En la 22ª edición del Diccionario de la Real Academia Española la palabra "fanfarria" viene definida de la siguiente manera: "Conjunto musical ruidoso, principalmente a base de instrumentos de metal" (1) (al que podemos añadir petardos y mascletás, con eso de la fusión cultural-política-corrupta madrileño-valenciana).
Ignoro cuánto se ha gastado el Exmo. Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz en semejante fanfarronada, o en qué porcentaje ha subvencionado a la Hermandad de la Virgen del Rosario, pero a uno le parece excesivo, no sólo por el coste, sino por el "espectáculo paranoico" que han montado durante estos cuatro días. Lo de menos son los conciertos: Rafael, Amaral, Amaia Montero y una orquesta que hizo las delicias de la cultura popular hasta las 3 de la madrugada durante las noches del viernes y sábado. Las avenidas principales de la ciudad-dormitorio con dos banderas en cada farola: la de Torrejón y la de España, como debe ser. Así, uno puede recorrer la avenidas de las Fronteras, de la Cosntitución, la de Virgen de Loreto y la de Madrid, oyendo el susurro de las santas patrias regional y nacional en los oídos. Banderolas igualmente en balcones y ventanas, repartidas por el propio ayuntamiento entre sus trabajadores y vecinos. Alguna que otra insignia en la solapa de la americana, peinetas, cintas, trajes del ejército, banderitas... La nación-pueblo-católica se consume. Y banderitas ondeando y sostenidas por niños. No hay nada más rastrero que repartir la nación paleta entre los menores. Deberíamos protegerles de agresiones ideológicas de semejante calibre.

Y llevamos dos años así. Uno ya se llevó una reprimenda por meterse con una bandera franquista. Pero le dió lo mismo. Incluso se lo tomó con buen sentido del humor: a "una grande y libre" respondió "bestial, brutal, enorme".

Vayamos a la definición de "paranoia": "perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas" (2). Teniéndola en cuenta, se muestra en los lanzamientos de petardos y mascletás, paranoia en las faustos y comilonas cercanos a la plaza mayor, paranoia en las vestimentas y actitudes. Como ayer bien me indicaron: esto no viene de y para la cultural popular, sino que se construye desde lo dominante, repartiéndose de manera vertebrada, con diversos elementos, entre la población ávida de emociones fuertes. Bien lo sabe quién ostente el cargo "propagandístico" del ayuntamiento. Bien lo sabía Goebbels. Parecerá fácil la comparación, pero viene perfecta: el NSPAD popularizó las canciones arribistas, se inmiscuyó en las zonas regionales, llamando al sentimiento nacional-paleto, alentó a las celebraciones y desfiles de manera segregadora y apoyó la exhibición de banderas e insignias, sacando, además, beneficio económico de ello.



Las cosas cambían si hay una verdadera intención de influenciar y manipular a la ciudadanía. También ésta debe querer dejarse manipular, verse jaleada por la esquizofrenia nacional. Uno ya lo advirtió hace un año. De nuevo, de manera más firme se ha vuelto a repetir. Se ha creado espectación en las calles. Tod@s con la boca abierta esperando a que pase la Virgen-Godzilla que han preparado para las fiestas. Sólo falta que sea animatrónica y lance claveles radioactivos por la boca: "uuuuuahhhhhhhh". Porque sí, han embadurnado sus aproximadamente 6 ó 8 metros de altura con semejante flor desde pies hasta el torso, lunciendo en ellas las banderas, otra vez sí, del pueblo y el reino. Uno se ha hartado de ver España por todos los lados. ¿Querrán que vuelva algo de la gloria perdida? ¿Que papel juega la iglesia, la idelogía del partido popular madrileño y la hermandad en todo esto? Quizá debamos consolarnos por la escasa originalidad de la extrema derecha española. Todavía siguen agarrados al tardofranquismo y el nacionalcatolicismo. Puede que ahora intenten renovarlo anulando más el primero y reforzando el segundo, en una fusión "civil" / "moral" / "tradicional" con la Iglesia y la falta de memoria. Y el desinterés general por la crítica. Y el afán de protagonismo y estampa. Os dejo de torturar. Puede que la paranoia sea mía.


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NOTAS
 
(1) http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=FANFARRIA
(2) http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=paranoia.