viernes, 17 de diciembre de 2010

Pasivo

¿Hasta cuánto va a poder aguantar la ciudadanía? Si espera hasta casi no poder respirar quizás le falte el aire cuando lo intente. Posiblemente nos hayan estrangulado ya. Ellos siguen apretando, de rodillas sobre nuestro cuerpo tumbado, mirándonos a la cara mientras sonríen, mientras parece que disfrutamos o pedimos con los ojos que aflojen un poco. Pero nos necesitan. Y esa es la clave. Pensar que toman decisiones sin tenernos en cuenta es un error. También dependen de nosotros. No es que nos pidan el voto, pero si requieren de nuestros ingresos y aceptación social, pública y mediática. Nuestra negación es empezar a respirar por nosotros mismos.
              En términos de juego, hacer pasivo es ilegal. En balonmano, si uno de los equipos tarda más de un minuto en provocar una falta o tirar a puerta pierde su turno de ataque. La pelota pasa al rival. En ajedrez a primera vista no produce efectos tan bruscos, pero a la larga pueden ser desvastadores si el enemigo sabe que hacer con sus piezas sobre el tablero. Si no, se acaba en tablas y medio punto para cada uno. 
              Si entendemos la geopolítica como un juego, la ciudadanía esta jugando de manera ilegal, de hecho quizás ni sepa que lo es o, si es consciente, crea que solo juegan los que tienen el poder. Ayer leí un artículo algo decepcionante de una página que una amiga me ha  recomendado (1). Parecía arrancar bien, pero la propuesta final es un exorcismo. ¿No votar al PSOE para que gane el PP y luego ejercer de viva oposición? Menuda revolución. A esto le llamo yo guardar las formas. No sé que les pasa a los que claman por la rebelión en estos tiempos. "¿Oye, Estado, majo, me dejas hacer una revolución? De verdad, te juro que no habrá barricadas, ni fuego, ni armas ni muertos. Será de buen rollito. Mira mi mano abierta de paz y amor". Y no es que esté a favor de este gobierno, pero la verdad prefiero que nos partamos la cabeza contra él sin necesidad de un proceso electoral. 
               Hoy mismo he visto algo siniestro en las sonrisas que el Vicepresidente Rubalcaba ha dirigido a la prensa mientras contestaba a sus repetitivas y cansinas preguntas (2). Y en esa sonrisa se veía la confianza absoluta, aquella que es consciente de no encontrar oposición, aquella que esconde un cuchillo tras la espalda.
               De momento movemos, sí, pero la partida va a acabar pronto y de forma cruel. Él rival sigue moviendo piezas, desarrollándolas sobre el espacio urbano y cívico mientras nosotros seguimos pasivo: peoncito aquí, caballo en fila lateral, alfil encerrado...
               Y mientras el rival avanza por todos los lados: atraso de la edad de jubilación, prórroga del estado de alarma hasta el 15 de enero, recortes en cuanto a la concesión de 426 euros a los parados de larga duración, propaganda para que el enfermo tenga consciencia de lo que es "grave", militarización de las calles, multiplicación de las cámaras de "vigilancia" en el espacio público, mayores garantías a las empresas para el despido, sobreprotección de los bancos ante los agujeros negros en los que se han metido, interrupción de la inversión del país y parálisis social... Y aunque hay agoreros de la crisis, su protesta mediática -servil del partido de la oposición-solo quiere quedarse en el papel para favorecer al triste cambio de un títere por otro. Mientras tanto, seguimos jugando pasivo...
              Mi interpretación de la partida es contraria. Si "izquierda y derecha" juegan en el mismo bando, entonces, por definición, nosotros estamos en el otro y nuestra solución no es hacer una rebelión  de peones sin piezas mayores (3): ¿dónde se ha visto que ocho peones ganen una partida de ajedrez? Subversión a la espera... Además de jugar pasivo le concedemos dos movimientos o más seguidos. Rebelión a la espera... ¿Por qué depender de lo que haga el rival? Es posible que quién haya escrito este artículo no sepa jugar al ajedrez o quizá no vea que el juego sí es de unos contra otros, que los ideales existen sin que dependa del Gobierno ejercer la tiranía o no.
                Más, de momento, seguimos pasivos, y no quedan muchos movimientos para que pese algún que otro sacrificio el Estado nos destroce dejando a nuestro rey ( ¿nuestra consciencia?¿identidad? ) rodeada de piezas enemigas, comiéndose hasta la carroña de él.
 
             

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NOTAS  
(2) En este país te dan el título de Licenciado en Periodismo si haces la misma pregunta de tres maneras diferentes y además las compartes con tus compañeros. No les veía la cara, pero cambiando solamente un matiz (lo que se supone es la diferencia entre los diferentes periódicos), le preguntaban lo mismo: ¿habrá más prórrogas? ¿qué piensa del "pronunciamiento" de ETA? ¿qué hará el gobierno si las medidas tomadas provocan reacciones sociales? Incluso él mismo parecía harto de estar ante inútiles de semejante tamaño. Aunque luego quizás lo agradezca.
(3) Hablar de piezas mayores en ajedrez no es defender una concepción elitista. En este juego todas las piezas cuentan con sus limitaciones y ventajas y solo en coordinación cumplen sus funciones. Intentad hacer la guerra con una de forma aislada, sacar la dama al principio, colocar al rey en el centro del tablero recién iniciada la partida, dejar peones solos aquí y allá, encerrar un alfil, poner a una torre sin dominar una vertical, comer sin saber perdiendo el objetivo..., y vereís como no os lleva a ningún puerto.  

martes, 14 de diciembre de 2010

La fuga

Ayer recibí la llamada de un amigo al que no veo hace un par de meses. Fue una noche de viernes en la que cenamos de tapas y bebimos de vodkas, aunque no en el mismo lugar. Ante la situación de su trabajo y del país su visión era cambiar de aires: marcharse. Por teléfono lo confirmó. En tres meses tendré que pensar en él saliendo de las fronteras del Reino de España. Ocurre igual con otr@s amig@s. Uno proyecta palabras, andares, conocimientos y emociones allá donde supone se encuentran. El corazón se mapea.
           En cuanto a su proyecto, es lo mejor que podría hacer. Él y tod@s. La conclusión del Estado del Bienestar es clara: nos ha malcriado y después abandonado con su muerte, dejándonos al padrastro neoliberal / neocon que nos ignora y castiga a la vez. Nuestra madre democracia ni llora al difunto ni ama al puesto, más bien, les gusta soportar su maltrato, su sodomización. Nosotros los hijos tampoco ayudamos. Tontamente le reclamamos a ella en vez de tirarnos a los ojos de él. Pienso en los nietos y el horizonte se ensombrece. Me pregunto dónde irán las sonrisas de hoy, las miradas inquietas, los pasos valientes sobre el mundo que comienzan a conocer.
           La fuga es una de las soluciones ya que no queremos, ni podemos, ni sabemos protestar. La ciudadanía española es un mar en calma cuyas olas solo se alteran por separado. No se dan cuenta de que forman parte de un océano. O quizás no quieran saberlo. Hace una semana asustaron a la realeza británica a grito de "¡qué les corten la cabeza!". Les metieron el miedo en el cuerpo. Ya era hora. De alguna manera hay que hacerles ver no solo a estos sino a esta plutocracia que no tiene impunidad, que se le puede y debe hacer daño. Aquí la agasajamos, como osos amorosos proyectamos nuestras frustraciones en forma de vana ilusión en la aristocracia. Nos metemos con ellos en las tertulias pero en el momento importante les veneramos, les tememos, no sea nos dejen en el paro o reduzcan todavía más nuestros ingresos. En cuanto a la Monarquía, todavía es tabú  - no hablar de República - sino cuestionar la legitimidad de que nuestra democracia le deba algo. Más bien, es la realeza quién se lo debe a la Dictadura franquista.
            La fuga se presenta como salida al maltrato de un país que adormece a la ciudadanía, que le canta la nana de la familia feliz e hipotecada, reunida en torno a la televisión mientras dan las doce campanadas de Fin de Año. La playa, la casita en el campo, la urbanización militarizada..., funcionan como únicas válvulas de escape, pero siempre dentro de las fronteras, no vaya a ser que el extranjero, que lo desconocido, nos muestre un mundo mejor. Quizá sea nuestro mayor temor: confirmar que éste camino no es el correcto.
             Irse y construir la república ciudadana de un@ mism@. No en una casa - maldita Ikea - sino en un barrio, una calle, una plaza, un edificio vinculado a su metrópolis. El civil se mueve en el popolo. Decir adiós a un país que no te pregunta quién eres, qué solo pide acatamiento y silencio. Se deben romper las fronteras mentales de un imaginario que teme al de fuera, que prefiere ignorar la lengua que no entiende, que se recluye en la fogata de la hoguera patriótica y religiosa - ya sea su creencia la iglesia o la televisión - cuyo único intento de conocer otros mundos es a partir de una literatura de literatos de folletín, anacrónicos, creadores de personajes planos, de héroes y heroinas con emociones y acciones gastadas.
            La fuga de un país que gasta en tí sin saber en qué y para qué, al que le importa un comino si haces informática, ingeniería o humanidades. Es lo mismo. Al final, sabe que terminarás trabajando en el sector de servicios. Quizás lo hace a sabiendas porque te quiere para eso. Por eso la reforma de la universidad española es una broma de mal gusto. Seguirán marchándose cérebros. Y bien que hacen. No dar ni un ápice de credibilidad ni trabajo sería una buena manera de vengarse.
            La fuga abierta y sin túneles bajo tierra. Que sepan que no les necesitamos, que no queremos esos sueños que endulzan con falsa confianza. En las calles, a los rostros de quién nos ignora, decirles: "chao", como Hannibal Lecter al rajar las tripas del detective Pazzi.
            La fuga como visor de rostros, lenguas, vidas, historias, mitos, diferentes. La fuga como nueva vida que nos han negado.

domingo, 17 de octubre de 2010

Sin título

Desgranándose la tarde, mirando la pared, ahora la pantalla, acurrucado bajo el nórdico, hecho un ovillo, intentando estirarme para hacer menos profunda la pena, sentir que se filtra, en vez de hundirse en los límites del miedo y el recuerdo, busco en las palabras la posibilidad de entender, de creer, de tenerte cerca. Releo lo escrito y es insuficiente, incapaz de suavizar el dolor de los días sin tí y tan alejado de nosotros en sincronía. Perdido el texto en una bolsa de agua que yace en el estómago, las frases no expresan nada, apenas avanzan entre la incomprensión, el pasado y los hechos. Contar contigo pero no hacerlo, estar dividido, acudir a proyectos no tan ideales, que la experencia ha demostrado no asequibles, no encuadrables con mi forma de ser. No hay escusas. Se trata de reconstruirte, de plasmar como te filtras en el tiempo; en las imágenes de luz y oscuridad, en un sueño con un largo pasillo en el que sonries mientras te abrazo por la espalda y cuando sale a reducir la palabra "momento" y recuerdo tu explicación: tus manos mostrando pesos, distancias y resistencias, dibujándome todo un mundo en el aire. Ir a buscarte a tantos lugares, llenándolos de sentido, esperarte en un banco, en alguna estación de metro, en un salón mientras te duchabas, ver tu rostro en el aula mientras daba clases. Recibir tu apoyo y delicadeza, juguetona en tus dedos delgados, plegando papeles, escribiendo notas, haciendo lazos en los regalos.



Los colores, diferente intensidad y conjunción, girando en torno a tí, como un molinillo: rojo, negro, azul, verde, lila, blanco, amarillo, naranja, gris, marrón, todos en la semana, enriqueciendo el día a día, dando una realidad distinta a mi constantes y testarudos negros y marrones. Tus iniciales silencios mutados a una vitalidad asombrosa, a una vehemencia en el aprendizaje, en estirar el mundo, en darlo de sí, para plegarse a tu sentido de la curiosidad. Cruzar la puerta, dar a conocer lo desconocido y ver tus ojos almendrados y abiertos ante lo descubierto. Todo tiene más de lo que parece. Puede ser aún más bonito. Embellecer la vida, enriquecerla de matices, descuadrando mi tendencia a la comodidad, a dar las cosas por definidas. Percibir ese ánimo y dejarse llevar de la mano, subir escaleras mientras los demás mecanizan su avance, rompiendo la monotonía de esta vida empaquetada, destinada a consumirse por un precio y una sensación de placer efímero. A pesar de las incertidumbres, ser testigo de tus inquietudes, ir de un lado a otro para preguntarte sobre tus entrevistas y los cursos - mirar ahora los "origami" y rememorar la espera en las noches de invierno, sintiendo a la vez el frío de la calle y el calor de tu rostro tras el cristal. No temerme, adentrándote en dudas acerca de la humanidad y preguntas inquisitoriales al pasado, casi con sentido de la venganza, y calmarlo por una mirada de comprensión y análisis, de seguir indagando y plagarlo de detalles necesarios. Tu alegría por las flores y los animales, tu comunicación con ellos, plegándote a su actual mundo de sufrimiento y falta de comprensión. Reconstruirme sin tu rostro, sin tus manos, sin ver moverse tu pelo, no renovándose la vida, alimentando lo diario con recuerdo, olvido y esperanza, porque sé que te llevo dentro, porque de alguna forma estamos unidos. Hasta pronto.

sábado, 21 de agosto de 2010

"¿Yo Voy?".-

¿Cómo que así no? ¿A quién reclaman esta panda de memos? ¿Pero por qué hacen responsable al gobierno de todo el poder para que con una "protesta" hagan cosas que transformen el lema de esta huelga en "así sí". ¿Es que no ven que con este mensaje le están comunicando a la elite que siempre estaremos aptos para el acuerdo? ¿Para traicionarnos?



Por otro lado, ¿no os parece que copiar el lema de "Rock in Rio" es un poco chapucero? Por favor, que no se trata de ir con tambores, cantar himnos de antaño y tomarse unas cervezas después. Y lo de "mano a mano" me suena a Torrente (1). Si, un poco guarro, de pervertidos bizcos y sin duchar. Por suerte le ponen algunos lemillas en rojinegro retro para intentar recordarnos y recordarse que tienen algún que otro pasado. Que no conocen y que quizá no quieran conocer. Luchar por el Estado Social o del Bienestar es en los tiempos que corren una soberana estupidez. Supone no entender lo que hemos tolerado, haber pasado treinta años durmiendo para ahora despertar un equilibrio que era insuficiente y que, además, iba degrandándose poco a poco.
A ver si piensan que vamos a creer que el giro se ha producido de forma súbita y sorpresiva ahora, en este último año. Ha sido tocar la pirámide administrativa que sostiene a esta panda de borrachos y levantarse los sustentadores del estado burocrático y los sindicatos a la limón reclamando un sistema perjudicial para ellos mismos y también para los que por uno o por otro motivo no pueden acceder al mundo laboral. Si el proletario aburguesado quiere recuperar aquello que logró mediante acuerdos con la elite no le queda otra que olvidarse del ideal del Estado Social y reclamar nuevos derechos y libertades para un nuevo trabajador. No puede reclamar por el pasado, pues ya no se puede volver y muy pocos por no decir nadie quiere volver. El trabajador ya no sostiene la creación de riqueza en el mundo liberal, ni siquiera el Estado-Nación, con lo que es prescindible, y si esto es así, no tiene ningún derecho que reclamar a no ser que busque su papel y lo reinvente dentro del panorama político mundial. ¿Quiénes son pues los trabajadores en el mundo globalizado? ¿Meras personas que reciben un sueldo de forma virtual y que ejercen una elección de papel cada cuatro años? ¿Es legítimo reivindicar solo a la clase trabajadora y no sólo a otras que sufren más que ella? O fuego en las calles o a quedarse en casa, pero este rollo cuasi-guay de cerveceros que en la mayoría de sus reclamos lucha por dinero, no por favor.


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NOTAS:
(1) Si bien no aparece en este cartel, si en los planfetos que están distribuyendo.

lunes, 16 de agosto de 2010

"La República Cínica" (17 de agosto, 2010).

Entre explicación y explicación ha tenido que ser Lawrence Grossberg quién lo mostrase claro (1). O por lo menos a mis ojos lo parece (2). Sin bien llevo años detectando está sensación de tedio en mí mismo y en la ciudadanía, leer ese adjetivo lo ha dejado todo más definido. Es curioso como funciona la cultura o más bien mi cabeza. Si el lector@ me conoce sabrá que es ésta última. De pasar a leer un capítulo sobre el ataque a los chicos / chicas en los Estados Unidos en las últimas décadas (3), a pensar en el modelo de democracia anglosajona importado desde Florencia (4) y, por último, a envolverme en lo conspiranóico y ponerme a ver JFK (5).
En relación al título de esta entrada, Lawrence Goodwyn afirma que el ciudadano actual siente un estado de profunda resignación. Es una sensación que en ocasiones raya tal nivel de desesperación que llegar a ser paralizante (6). A esto, Grossberg añade que hay un claro interés desde varios sectores de transformar a las personas en seres cínicos, que ahogen sus penas en el límite de su casa o en ver cómo sube o baja su nómina, mientras su valor, su voluntad política, simplemente desaparece (7). Se trata pues de una conspiración que pretende anular nuestra capacidad de percepción de lo público, de debatir el poder en el espacio compartido. Si decimos que "todos son iguales", o que "ya no voy a votar", ya estamos en el saco. Y no se trata de que con el voto tengamos algo, sino de que pensemos en formas de dar sonido a nuestra voz, de que creemos palabras con poder, que recalquen nuestros derechos, nuestra cosmovisión en contra de otras que quieren imponernos. Zygmunt Baumann postula que en la actualidad los "políticos" están muy poco interesados en hacer creer a las personas o en la construcción de ideas mientras prefieren evacuar la política de la ciudadanía (8), de transformar su labor en mero interés para que, por extensión, pensemos que el poder es eso: manipular, maquinar, ver todo y laborarlo en bien de nuestro apetecer. ¿Por qué conviene que nos hagamos cínicos? Encuentro una respuesta de doble dirección: para la burocracia y elite gubernamental se evitan los conflictos y para la ciudadanía se elude el compromiso consigo misma, el reconocerse como agente activo de la "república" urbana, con sus responsabilidades. Y mientras el mundo bursatil alimenta a este nuevo capitalismo más y más a través del dinero que se crea y multiplica a través de sí, los que consumen y habitan en él se limitan a dejar pasar, a experimentar una sensación de "inmortalidad", de que nada cambia, de que por mucho que hagamos nada hará algo mejor, de que no tenemos nada ya que dar a los que vienen después y que éstos, sin nada que aportar, deben seguir estos designios, no sea que vayan a trastocar las pocas comodidades que tenemos. Les negamos su futuro. Nos lo negamos. En eso la "lectura" del tiempo-espacio cobra una importancia vital y por mucho que mi propósito sea hablar con los muertos (9), no puedo eludir tan fácilmente esta otra vertiente de la labor histórica: ¿por qué no puede ayudarnos a mejorar? Independientemente de la Historia, de su capacidad para mejorar lo que nos pueda venir (10), la ciudadanía, si bien, no lo puede encontrar en el pasado (11), tiene que hallarse, replantearse, reconocerse y, por ende, ver y enfrentarse a los que no se comportan como ella. Diluir nuestra identidad en espacios líquidos, en portales donde pretendemos controlar la imagen que tiene el Otro, conocerle a través de esa "publicidad" y eludir lo público - el lugar físico compartido en sincronía-diacronía-, configurar mapas de la realidad a través de lo indirecto, maquillar la verdad, pintar collage con los rostros que aparecen a nuestro paso: ¿dónde nos deja? Se me vienen a la cabeza los cuadros de Ensor sobre las personas que le rodeaban a finales del siglo XIX. Ser cínicos nos convierte en seres que no sienten vergüenzan al realizar actos o mantener actitudes que son recriminables, en personas que defienden un tipo de vida grosero, obsceno. Y de esta manera, configuramos una república que se mira el ómbligo, sentada en el sillón de casa, saliendo solo cuando la poca identidad en la que se reconoce se ve gratificada o ennoblecida (12). El movimiento obrero de mediados del XIX encontró el reconocimiento a su labor en el comunismo, halló su identidad en ese mundo, en esa lucha. ¿Y nosotros? ¿Dónde estamos?

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NOTAS:
(1) GROSSBERG, Lawrence. Estudios Culturales. Teoría, política y práctica. Ed. Letra Capital, Valencia, 2010.
(2) Debe tener en cuenta el lector@ que tengo diplopía y que hace poco más de dos semanas me dieron un pelotazo en toda la cara, con lo que quizá la vista esté algo distorsionada.
(3) GROSSBERG, Lawrence. Ibid, pp. 212-256.
(4) POCOK, John Greville Agard. El Momento Maquiavélico. El pensamiento político florentino y la tradición republicana atlántica. Ed. Tecnos, Madrid, 2008 (2002), [1975]. Para la recepción de la concepción republicana de Maquiavelo en el mundo anglosajón ver "Tercera Parte": pp. 413-661.
(5) Oliver Stone, Estados Unidos y Francia, (1991).
(6) GOODWYN, Lawrence. "Beyond prosperity, outrage simmers". The News and Observer, 19 de octubre, 1997, 25A. Cit. en GROSSBERG, Lawrence. Ibid, p. 241.
(7) GROSSBERG, Lawrence. Ibidem.
(8) BAUMANN, Zygmunt. In search of politics. Standford. Standford University Press, 1991, p. 1. Cit. en
GROSSBERG, Lawrence. Ibid, p. 142.
(9) GREENBLATT, Stephen. "La circulación de la energía social". Nuevo Historicismo. Ed. Arco. Madrid, 1998, p. 33, ("The circulation of Social Energy". Shakespearean Negotiations, Berkeley, University of California Press, 1988, pp. 1-20 y 165-167).
(10) VV.AA. El fin de los historiadores. Pensar históricamente en el siglo XXI. (SÁNCHEZ LEÓN, Pablo & IZQUIERDO MARTÍN, Jesús, eds.). Ed. Siglo XXI. Madrid, 2008.
(11) Quizá no seamos capaces en la actualidad de reconocernos en esta forma de laborar la historia del siglo XIX y gran parte del XX. Es posible que los medios de comunicación y la difusión de nuevas formas de conocimiento del pasado - a través del cine, el turismo, el género literario "histórico", los videojuegos - hayan convertido a la historia en un elemento hecho a medida, experimentado a nivel personal y no en conexión con los demás o en vinculación con otros tiempos o espacios. Una "historia" individualizada, empaquetada, sin posibilidad de unir con nada, porque su propósito no es ese, sino alimentar una necesidad de saber de cultura para publicitarla, para convertirse en conocimiento acumulado y no aplicado.
(12) Como tuvo lugar en los "festejos" por la consecución del Campeonato del Mundo de Fútbol, celebrado en Sudáfrica entre junio y julio de este año. Celebrar la nación es sacar pecho por una vieja reliquia identitaria. Uno no tuvo el "placer" de estar en Madrid, pero por alguna que otra fuente tiene en su mente un escenario pantagruélico, pero sin toda la vertiente crítica que tenía la obra de Rabelais: un carnaval sin carne.

"Ataco con tres buses y defiendes con dos. Con quince invadimos Versalles".

Espero ser breve ya que lo que barrunto en mi cabeza en estos momentos vendrá después. Sin embargo, quiero recordar y hacerte compartir querid@ lector@ mi experiencia como invasor. Daré un pequeño rodeo. En la I Guerra Mundial los tanques eran rudimentarios. Si no se movían a caballo, las tropas iban a pie contra el enemigo. El problema surgió con la metralleta. De esta manera, la guerra de frente contra frente premoderna dió a su fin y la gran protagonista fue la trinchera. No obstante, provocó la creación de pequeñas compañías de 5 o 6 hombres que avanzaban intentando escapar a la vista del enemigo. A la vez, se fue innovando en la construcción de vehículos de tierra que no sólo pudiesen transportar tropas sino que atacasen mientras se moviesen: los tanques. Un buen ejemplo de esto fue el inicio de la II Guerra Mundial: las tropas iban protegidas, se movían en sidecares, motos y camiones. Si podían, dejaban de avanzar a pie. El desarrollo sin precedentes de la tecnología de guerra en los últimos setenta años ha provocado que incluso en el ataque ya sean prescindibles los soldados de a pie, tan solo utilizados ahora para el reconocimiento y mantenimiento de la zona conquistada, dejando el resto de la ofensiva al laser, los aviones y los submarinos con misiles teledirigidos. Los ejércitos tal y como el Risk nos hace imaginar han desaparecido. El "heroísmo" del combate cuerpo a cuerpo, espada contra espada, terminó hace tiempo, pero este brillante juego nos trae al salón de casa el afán de la estrategia, del cálculo en base a un número concreto de tropas que son importantes en sí, una a una, para lograr el fin que se haya repartido en suerte. El turismo es la nueva forma de imperialismo y se realiza a la antigua usanza, o por lo menos combina dos ellas: el transporte en vehículo motorizado y el avance a pie (o más bien debería decir reconocimiento) (1). El 11 de julio de 2010 llegué a Versalles a eso de las 8h40 de la mañana. En el parking situado frente a la entrada del palacio había ya aparcados algunos autobuses. No tardé ni cinco minutos en bajarme y empezaron a llegar en tropel muchos más. Contando 50 personas por vehículo, es posible que la cantidad de turistas que se encontraban en aquel momento superasen en número a muchos ejércitos premodernos. Si a alguno se le ocurriese la "genial" idea de repartir un rifle a cada turista y en vez de disparar fotos a los monumentos y a sí mismos tirasen balas es posible pudiesen invadir media Francia o por lo menos, intentar un golpe de Estado. A pesar de no ser bien recibido en todos los lugares, una vez en tierra, el turista tiene el camino libre (2). Si fuese medianamente inteligente mandaba a la porra a los guías locales y correos y comenzaba su propia "conquista" del espacio que quiere conocer. Y sin embargo, como tropas llevadas por un general, siguen a pies juntillas a una manera imperialista de conocer el mundo, teledirigida, que no realiza preguntas, sino que impone las suyas, que establece las formas en base a un servicio comprado, que impone ideas a pesar de que el "producto" las transforme. No hay culturas primigenias, pero si queda claro que cuando uno va y ve su idea cambiada debe asumir esa variación, continuar con ella, y no obviarla e incluso reclamar si no obtiene la forma inicial. No se trata de acabar con el turista, sino con una determinada manera de hacer turismo, de envolver como regalo un producto controlado, sin problemas, niquelado, sin aristas. Conocer el lugar supone implicarse no tomar instantáneas o cortar y pegar fotos de Google. Mucho menos copiar la "historia" de la Wikipedia y ponerla en un itinerario. Dice mi adorado Truman que la gente viaja porque nunca ha estado y en cierta medida es verdad, pero él solo quiere escapar de su celda, quiere ir a Fiji con un nombre, un rostro y una chaqueta de punto roja (3). Solo nos dice que está al otro lado del mundo y que cuenta con islas en las que el ser humano no ha puesto el pie jamás. Pero la persona que viaja ahora tiene un producto más claro en la cabeza. El o la agente provee de catálogos, la televisión de anuncios, el propio preturista de lo que pueda conocer y el período vacación sustituye el conocer por el descanso, por el lema: "ey, que estoy de vacaciones, que nadie me moleste o las haga desgraciadas". De ahí a esa sensación de conquista cuando hemos ido a un lugar. De acumular sitios y sitios sin tener apenas una percepción distinta, propia, de ellos. Incluso la Luna tiene algo que darnos de su pasado.    

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NOTAS:
(1) A través de las distintas ciudades, el turista sigue a un guía local que en muchas ocasiones no está preparado o bien no sabe transmitir sus conocimientos. Pero puede que si lo esté pero el turista directamente pasa, se sienta en cualquier banco, se pierde, total, no ha pagado por eso, aunque algo quizá sí. Lo que importa, según mi parecer, es que ya vienen con el organigrama en la cabeza y es muy complicado quitárselo, ya que lo han comprado y es el que quieren.
(2) Dependiendo de algunos países en los que se convierte en el objetivo número uno para el secuestro, el robo o el asesinato.
(3) El Show de Truman. Peter Weir, Estados Unidos, 1998.

lunes, 24 de mayo de 2010

"Oye cómo va, mi ritmo..." (Estado de la cuestión del país). Capítulo I.

Desde hace varios meses voy hilando diferentes discursos en la cabeza. Algo sobre la crisis,
sobre cómo está el mundo, argumentar contra el gobierno de la Comunidad de Madrid y "la pasión rubia",
plasmar el panorama de una pequeña ciudad-dormitorio, en la que ya no vivo, pero en la que desde luego veo cambios sustanciales en la "ideología", conversaciones con familiares y amigos sobre las inquietudes del momento... Al final, haciendo honor a mi ansia de totalidad, he decidido unirlos todos en uno. Algun@s me acusarán de determinista. Y pensándolo bien, el determinismo es uno de los planteamientos principales de la occidentalidad, por mucho que en la época postmoderna se hayan querido deshacer de él. Todo a una misma raíz, un mismo culpable, alguien que tira de los hilos, un único inicio para el éxito o el fracaso, un acontecimiento principal del que derivan los demás. Piedra de toque en los análisis, ¿qué fue la causa? ¿qué rodó primero? ¿Huevo? ¿Gallina? ¿Felipe González? ¿José María Aznar? ¿PP? ¿PSOE? ¿Esta sí? ¿Está no? Sin ánimo de continuar con este absurdo, intentaré por una vez acudir a diferentes vías, aunque a priori
he de admitir querid@ lector@ (si alguien lee esto), que no sé por dónde terminará ésta diatriba.
Citaré al Jim Garrison de Kevin Costner para comenzar: "¿y si improvisamos para comenzar?" (1)
Considerar que la caída de la Unión Soviética puede ser una de las causas no es una idea descabellada. Si es por agradecer, el "mundo libre" le debe lo que se denominó "estado del bienestar". La desaparación definitiva de la URSS pudo llevar a una especulación demasiado libre con la riqueza y a la confirmación de un razonamiento tan peligroso como reconfortante: "ya hemos llegado a nuestra meta", "el enemigo ha sido derrotado", nuestro tipo de vida ha vencido. Y en el horizonte de lo nuevo... Nada. Ya lo conseguimos. Y de esta guisa: ¿qué otra cosa horrible nos puede ocurrir? Razones no les faltaban a aquellos que apoyaban esto: la clase media agradecía coches, pisos, viajes, procreación, cultura de masas y cobrar hasta la muerte (los que podían claro), la clase política veía como su triunfo significaba el de toda la nación y por ende simplificaba el papel que se le había otorgado (a ningún desafío, ningún reto, menos responsabilidades), los medios de información transformaron su discurso en comunicación, datos sobre datos, morbo sobre morbo, aquí y allá, todo eran nombres sin ningún sentido, pero con la intención de asustar, abrumar, desconcertar y acumular. Todo era consumible, pues el consumo habia triunfado. Y entonces el dinero, que si bien ya se movía de aquí para allá y no era fijo del todo - recordemos a Gordon Geko (2)- se convirtió en algo virtual, estaba en varios lugares a la vez, iba y venía, mentía a pesar de lo que marcaban los dígitos. Se acabaron las cartillas del banco y el pagar al contado. Se podía cobrar por cuenta y de forma domiciliada (3). El tipo de vida se uniformó: una sola dirección - recordemos dos grandes finales de la historia del cine británico: El sentido de la vida (Terry Jones, 1983) y Trainspotting (Danny Boyle, 1996).
Y cierto que en un par de momentos el ecúmene mundial se tambaleó (4), pero no podemos considerar ni un solo momento que lo que ocurre ahora es comparable con aquellas. Ni siquiera heredera. En pocas palabras, en mayor o menor medida, la riqueza de las naciones se ha transformado en efímera, en pura especulación. Hemos llegado al punto de que lo virtual necesita la materia. Y ahí el dinero faltó, no existía - recordando Sospechosos Habituales (Bryan Singer, 1995) - "se esfumó". Y mientras tanto, guerras por aquí y por allá, claras mentiras, acontecimientos velados y ocultos, una clase media que en muchos países de Europa se va endeudando poco a poco a base de confianza y palomitas, unos mass-media que lo acaparan todo, un proceso de encerramiento en la vida social, de enclaustramiento y miedo a lo distinto, y una transformación de las experiencias vitales en algo así como la Coca-Cola o la hamburguesa, algo que está rico, con mucho azúcar, que llena, pero que deja gases en el estómago.
Y en esto, mi país: este aborto de estado-nación llamado España, o Reino de las Españas, si queremos ser más puntillosos y ahora que nuestro monarca se ha recuperado de su operación y vuelve a "sus funciones". Y digo aborto, o criatura - cuando escribo esto se viene a la mente el "bebé" de Estoy vivo (Larry Cohen, 1974) - no porque deseo que este país sea una nación como ¿Dios? manda, sino por contraste. No ha llegado a construir lo que otros sí (5). Desde la Constitución y la Democracia se ha apuntado a un juego tremendamente peligroso que ha terminado por colocarle en una delicada situación. Este juego ha sido el depender de muy pocas fuentes de abastecimiento. A saber: el suelo, el turismo y la cantidad de mano de obra en activo. Y durante este tiempo, a nivel identitario se ha limitado a copiar modelos, simplemente, un corta y pega que se dice en el argot informático. Y cuando ha intentado construir uno propio acudía a un sentido de la historia basado en lo kistch y consumible, en la justicia y lo innombrable (6). Y no sólo esto era así, sino que se potenció (7). El cambio de la Ley del Suelo puso patas arriba la política de la gestión de un país y el "España va bien" nos llenó las bocas. Tampoco el periodo 2004-2008 supuso muchos cambios en ese sentido. Quizá algunas medidas se tomaron, pero fueron insuficientes, no valientes, quizá porque no se quería ver el abismo al que nos acercábamos.

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(1) JFK, Oliver Stone (1990).
(2) Wall Street, Oliver Stone (1987).
(3) Por supuesto que esto ocurrió antes de 1991. Al principio del texto, avisé de que no todo se podía deber a una sola raíz.
(4) Crisis de 1992 y 1997.
(5) Lo que no quiere decir que lo que otros hicieron fuese bueno o malo. Lo más posible es que la creación de la identidad nacional llevase a Europa y el mundo a dos cruentas guerras de las que todavía no nos hemos recuperado.
(6) Básicamente, me refiero al franquismo. Un regreso a los valores morales-políticos que sostuvieron el franquismo y dieron cierta "bonanza" económica a partir de la década de 1960. Digamos que la facción conservadora y tardo-franquista es consciente de ello, pero no lo dice, lo oculta, lo deforma, lo disfraza, o simplemente lo llama "de centro" o liberal. Aunque recientemente algún que otro que colaboraba con "Intereconomía" confesó ser "muy de derechas". A todo esto: ¿alquien me puede explicar esa expresión?
(7) El progreso y el estar en Europa supuso una única dirección: turismo y suelo, y poco más. Puedo añadir más: falta de inversión en infraestructuras, menosprecio de la clase universitaria, degradación de la enseñanza, aniquilación de la conciencia trabajadora a favor de sindicatos verticales y gordinflones, ensalzamiento de las clases políticas a nivel de intocables, fraccionamiento del sentido del poder y falta de coherencia e interés en la crítica a los medios de comunicación.